Ganar no siempre es importante
Ganar no siempre es importante
Cuatro expertos abogan por eliminar los factores de competición en el deporte
SERGIO G. SASETA S. G. S./VALLADOLID
VALLADOLID
Todos los días se
leen en los diferentes medios de comunicación noticias
referidas a
competiciones deportivas en las que al ganador se le lleva al
Olimpo de los
dioses y al perdedor se le olvida, cuando no se le humilla.
A esta situación no son ajenos los deportistas más pequeños, los que forman
el deporte base. Los niños, por naturaleza, son competitivos y buscan
siempre el éxito propio.
El problema nace cuando ese afán de éxito lo tratan de lograr mediante
cualquier método. lo importante es ganar, no participar es la frase que se
puede oir en muchas canchas y campos deportivos.
La duda que plantea el NORTE DE CASTILLA en este debate es conocer si la
competitividad en las competiciones de base es necesaria para su desarrollo
y saber si esa naturaleza ganadora se está modificando negativamente por
agentes externos a los niños.
Sobre este y otros asuntos relacionados con la competitividad en el deporte
de base hablaron José María Niño, árbitro de fútbol de la Federación de
Castilla y León de Fútbol; Miguel Ángel Recio, coordinador del fútbol base
del Club Deportivo0 Parquesol; Manuel Andrés, psicólogo especializado en
temas deportivos y Óscar Castañeda, coordinador de la escuela de
entrenadores de la Federación de Baloncesto de Castilla y León.
COMPETITIVIDAD EN LOS NIÑOS
El afán por ganar, un arma de doble filo
La competitividad está presente en la naturaleza de los niños y del deporte.
El mayor problema es que ese elemento natural, en ocasiones, es mal
interpretado y reeducado por parte de los adultos que se relacionan con los
chavales.
Óscar Castañeda: La competitividad bien entendida no es mala porque sin ella
no habría ningún progreso en ninguna faceta de la vida. Otra cosa es cómo se
interprete ese afán de competición y el nivel de exigencia que los
entrenadores tengan a la hora de tratar con los niños.
J. María Niño: En el deporte de base, sea fútbol u otro, no lo entiendo. Lo
que ves en los campos es una copia de lo que se ve en la televisión. Si
metes la pata arbitrando van derechos a por ti. Pero no son los jugadores
los que buscan el éxito o venganza por un error. El problema viene de los
que están fuera.
Manuel Andrés: La competitividad no es otra cosa que la pura competición. Es
un factor intrínseco al deporte que es una actividad física con un
reglamento. Por naturaleza es buena. El problema es que si en el periodo de
aprendizaje se le enseña a ganar sea como sea el niño toma eso como patrón.
Por norma general, la competición enseña a un niño a superarse, cooperar y
ponerse en el lugar de los demás. No se puede hablar de una crisis en este
sentido.
M. Ángel Recio: La competitividad es necesaria para el niño en el deporte.
No se debe confundir con competición, los niños sí que deben jugar entre
ellos, pero hay competiciones que están estropeadas por lo adultos. En
principio, hay que buscar que los niños hagan deporte, después ya se pueden
buscar otros objetivos.
M. A.: La competitividad sana es necesaria. Si no existiera no habría
comparación y los niños no podrían intentar superarse para ser mejores que
los otros. Pero si ya se meten los valores de «tengo que ganar machacando»
la cosa cambia.
ELEMENTOS EXTERNOS
Entrenadores poco preparados
Los entrenadores son los encargados de introducir a los chavales en el mundo
del deporte. Una mala preparación del aspecto psicológico puede provocar una
mala educación deportiva. En la actualidad pocos técnicos están bien
cualificados para entrenar integralmente a los jóvenes. Pero no son el único
elemento alterador.
Ó.C.: El problema surge de la base. Tener gente titulada es muy importante.
Pero no vale solo con un título, también tiene que existir una buena
personalidad. Es imposible desarrollar una actividad en la que hay 12
chavales con aficionados al mando.
M.Á: Los entrenadores tienen que esforzarse por hacer su actividad atractiva
a los niños y tienen que hacer entender a los deportistas que juegan para
aprender.
J.M.N.: Hay muy poco personal especializado. Cada vez que se hace un acta,
el entrenador es un padre, delegado... Que por tanto no tiene una
preparación.
J.M.N.: Es necesario que los clubes realicen proyectos para su deporte de
base. Hay que marcarse unas pautas para enseñar el deporte. Lo primero
acercar al niño a la práctica y después ya llegará el momento de producir
jugadores. Es fundamental respetar el desarrollo de los niños con
entrenadores capacitados para ello, pero estos técnicos están en los equipos
de élite.
M. Á.: No se puede culpar solo a los entrenadores. Hay una paradoja
increíble: los padres cuando llevan a un niño al colegio se preocupan por
conocer al profesor, pero luego dejan a su hijo con una persona sin saber
qué preparación tiene.
M.A.R.: Los entrenadores tienen una gran importancia y el título no vale
generalmente para mucho. Es necesaria una actualización en los conocimientos
físicos y psicológicos para que puedan entrenar correctamente.
O.C.: Las federaciones están trabajando para ello sacando una serie de
cursos de entrenadores que mejoren sus actitudes y aptitudes para con los
niños. Además, siempre que se puede se colabora con los clubes que lo
solicitan, mediante charlas o conferencias.
M.A.: Pero pocas veces sirve el formar a un entrenador que está en un
deporte base porque cuando empieza a despuntar se lo llevan a otro equipo.
J.M.N: No solo son los entrenadores lo que se van de unos equipos a otros.
Cuando un jugador despunta en un equipo se lo lleva uno de los grandes y eso
hace que los padres busquen que su hijo sea el mejor de todos para que acabe
en un equipo puntero.
M.A.: La educación de los chavales depende de los padres, los profesores,
entrenadores y árbitros son meros colaboradores en ese proceso.
J.M.R.: También los árbitros jugamos un papel importante en la educación
competitiva de los chavales. Tenemos que enseñarles a competir. No tenemos
que arbitrar.
M.A.: Los medios de comunicación tienen mucho que decir en este tema. En
muchas ocasiones con titulares de «fulanito aplasta a menganito» encienden
la competitividad. Por otro lado, en ocasiones, enfrentan sin sentido a unos
deportes con otro. Tal y como ha pasado con el Mundial de baloncesto.
O.C.: Aunque hay que reconocerles un gran papel en favor del deporte sano
con los suplementos de deporte base, en los que salen los niños retratados.
Además con lo del Mundial lo que se ha destacado ha sido la profesionalidad
y el juego en equipo de la selección.
REGLAS SOLIDARIAS
Evitar humillaciones es necesario
El adaptar los reglamentos para evitar resultados exagerados que puedan
desmotivar a los niños es algo calificado de necesario y positivo por parte
de la comunidad deportiva.
M.A.R.: Dentro de mis equipos tengo prohibido que goleen a los rivales. No
quiero tener a ningún equipo humillado. Considero necesaria la incorporación
de normas que no están impuestas en los reglamentos para, de esta manera,
buscar reglamentos equilibrados para no tener ni perdedores ni ganadores.
O.C.: Yo opino que como entrenador no se puede decir a un niño que no meta
más de siete goles porque de esa manera les estoy frustrando. El problema
principal es que las ligas están mal estructuradas y compiten equipos
profesionalizados con otros principiantes.
J.M.N: Es muy complicado contener a los chavales para que no marquen goles.
He visto a niños ganar de 5 y decir «vamos a por ellos que se tienen que
llevar los goles en un camión». Ver a los chicos en el vestuario llorar por
un mal resultado te parte el alma.
M.A.: Realmente, para controlar los marcadores no hay en todos los deportes
una reglas escritas, pero lo fundamental no es cuántos goles te metan sino
el valor psicológico que se dé a esa derrota. Si a un jugador le dices: «oye
no vayas tan fuerte, déjalos jugar» eso va a producir una actitud de
desprecio hacia el rival. Hay que buscar otras medidas alternativas.
M.A.R.: Esos medios son muy sencillos. El entrenador cuando vea que hay una
diferencia muy exagerada puede cambiar a los jugadores de posición o sacar a
los que juegan menos habitualmente.
J.M.R.: Eso de las rotaciones las hacen muy pocos equipos y cuando las hacen
no es por cuestión del entrenador sino porque alguien desde fuera se lo
ordena. Tenía que ser obligatorio que todos los niños jugaran.
O.C.: En baloncesto se obliga a jugar a todos lo niños que están inscritos
al menos dos cuartos. La participación es algo importante.
M.A.: En el deporte de base debería ser obligatorio que todos los niños
jugaran. Un niño que se levanta un sábado por la mañana, que juega en
invierno, unos padres que se preocupan...Es lo más normal. Algo ilógico es
que los padres se preocupen porque no juegue Ronaldo y no digan nada porque
no juegue el niño del equipo.
M.A.R.: Yo he visto que con las derrotas abultadas lo único que se consigue
es que los chavales acaben el partido desmotivados por culpa de su
inferioridad.
DIVISIONES DESIGUALES
Nueva organización del deporte
De nada sirve que jueguen todos los niños en un equipo si hay otros que
compiten por unos objetivos completamente diferentes. Debería existir un
deporte de ocio y otro con objetivos deportivos.
O.C.: Hasta el momento había existido la división entre federado y escolar.
Ahora todo tiene los mismos privilegios y organización. La diferencia que se
da ahora radica en los diferentes niveles deportivos, se mezclan los equipos
con objetivos y los equipos sin objetivos y eso perjudica a ambos.
M.A.: En la actualidad, hay dos tipos de clasificaciones deportivas por un
lado están los de iniciación y por otro los de alto rendimiento. El deporte
de base está unido a la formación de los adolescentes. Puede existir una
diferencia entre federado y escolar pero solo se producirá cuando haya
suficientes deportistas. Lo importante es que todos se rijan igual.
Realmente, ambos son competitivos porque al final tienen un clasificación.
J.M.N: No veo diferencias entre unas competiciones y entre otras. Quizá los
piques sean algo más fuertes cuando se juegan algo. Desde mi punto de vista
debería existir una sola categoría en la que todos compitieran contra todos
y así olvidar los objetivos.
O.C: Opino que la diferenciación debería ser entre equipos que quieren
aspirar a algo y equipos que solo quieren jugar. De esta manera, los que
quieren objetivos competirán contra equipos de su nivel y no llegarán a las
fases finales sin preparación.
M.A.: Sin duda la diferencia entre unas divisiones y otras es algo que
depende completamente de los equipos y los padres. La división por objetivos
debería realizarse a partir de criterios de edad. La realidad es que existe
un deporte escolar con fama de ocio y otro con aureola de competitivo: el
federado.El deporte tiene unos efectos positivos en el niño pero un deporte
excesivamente competitivo en el que los entrenadores, clubes o padres
busquen los resultados por encima del bienestar del niño puede provocar
desde el abandono de la práctica deportiva hasta efectos mucho mas negativos
que afectan a la salud psicológica del niño.
M.A.: El efecto de una excesiva competitividad produce estrés y ansiedad en
los chavales lo que provoca, generalmente, un abandono de la práctica
deportiva. Los efectos serían desde físicos con lesiones, por exceso, u
obesidad, por defecto, hasta problemas psicológicos que deriven en una
depresión o rechazo a los entrenadores.
M.A.R.: Hay que respetar la evolución natural de un niño en su primera etapa
de vida. Por encima de todo, está la formación y la diversión, luego ya
tendrán momentos para la competición y los resultados. Lo que hay que buscar
es que los chavales vean que el deporte es compatible con su vida social,
con los estudios y evitar el chantaje que muchos padres hacen a sus hijos
con el deporte.
M.A.: Es algo extraño que un niño con 14 o 15 años se agobie por el deporte.
Pero, en ocasiones, los entrenadores y equipos están pidiendo a los
jugadores que abandonen muchas de las cosas que les gustan. Les pides que
renuncien a cosas. Si no se hace atractivo un deporte, la gente lo deja. El
que un chaval aprenda que tiene que sacar buenas notas, ir a entrenar y
estar con los amigos sin renunciar a nada es la clave.
Cuatro expertos abogan por eliminar los factores de competición en el deporte
SERGIO G. SASETA S. G. S./VALLADOLID
VALLADOLID
Todos los días se
leen en los diferentes medios de comunicación noticias
referidas a
competiciones deportivas en las que al ganador se le lleva al
Olimpo de los
dioses y al perdedor se le olvida, cuando no se le humilla.
A esta situación no son ajenos los deportistas más pequeños, los que forman
el deporte base. Los niños, por naturaleza, son competitivos y buscan
siempre el éxito propio.
El problema nace cuando ese afán de éxito lo tratan de lograr mediante
cualquier método. lo importante es ganar, no participar es la frase que se
puede oir en muchas canchas y campos deportivos.
La duda que plantea el NORTE DE CASTILLA en este debate es conocer si la
competitividad en las competiciones de base es necesaria para su desarrollo
y saber si esa naturaleza ganadora se está modificando negativamente por
agentes externos a los niños.
Sobre este y otros asuntos relacionados con la competitividad en el deporte
de base hablaron José María Niño, árbitro de fútbol de la Federación de
Castilla y León de Fútbol; Miguel Ángel Recio, coordinador del fútbol base
del Club Deportivo0 Parquesol; Manuel Andrés, psicólogo especializado en
temas deportivos y Óscar Castañeda, coordinador de la escuela de
entrenadores de la Federación de Baloncesto de Castilla y León.
COMPETITIVIDAD EN LOS NIÑOS
El afán por ganar, un arma de doble filo
La competitividad está presente en la naturaleza de los niños y del deporte.
El mayor problema es que ese elemento natural, en ocasiones, es mal
interpretado y reeducado por parte de los adultos que se relacionan con los
chavales.
Óscar Castañeda: La competitividad bien entendida no es mala porque sin ella
no habría ningún progreso en ninguna faceta de la vida. Otra cosa es cómo se
interprete ese afán de competición y el nivel de exigencia que los
entrenadores tengan a la hora de tratar con los niños.
J. María Niño: En el deporte de base, sea fútbol u otro, no lo entiendo. Lo
que ves en los campos es una copia de lo que se ve en la televisión. Si
metes la pata arbitrando van derechos a por ti. Pero no son los jugadores
los que buscan el éxito o venganza por un error. El problema viene de los
que están fuera.
Manuel Andrés: La competitividad no es otra cosa que la pura competición. Es
un factor intrínseco al deporte que es una actividad física con un
reglamento. Por naturaleza es buena. El problema es que si en el periodo de
aprendizaje se le enseña a ganar sea como sea el niño toma eso como patrón.
Por norma general, la competición enseña a un niño a superarse, cooperar y
ponerse en el lugar de los demás. No se puede hablar de una crisis en este
sentido.
M. Ángel Recio: La competitividad es necesaria para el niño en el deporte.
No se debe confundir con competición, los niños sí que deben jugar entre
ellos, pero hay competiciones que están estropeadas por lo adultos. En
principio, hay que buscar que los niños hagan deporte, después ya se pueden
buscar otros objetivos.
M. A.: La competitividad sana es necesaria. Si no existiera no habría
comparación y los niños no podrían intentar superarse para ser mejores que
los otros. Pero si ya se meten los valores de «tengo que ganar machacando»
la cosa cambia.
ELEMENTOS EXTERNOS
Entrenadores poco preparados
Los entrenadores son los encargados de introducir a los chavales en el mundo
del deporte. Una mala preparación del aspecto psicológico puede provocar una
mala educación deportiva. En la actualidad pocos técnicos están bien
cualificados para entrenar integralmente a los jóvenes. Pero no son el único
elemento alterador.
Ó.C.: El problema surge de la base. Tener gente titulada es muy importante.
Pero no vale solo con un título, también tiene que existir una buena
personalidad. Es imposible desarrollar una actividad en la que hay 12
chavales con aficionados al mando.
M.Á: Los entrenadores tienen que esforzarse por hacer su actividad atractiva
a los niños y tienen que hacer entender a los deportistas que juegan para
aprender.
J.M.N.: Hay muy poco personal especializado. Cada vez que se hace un acta,
el entrenador es un padre, delegado... Que por tanto no tiene una
preparación.
J.M.N.: Es necesario que los clubes realicen proyectos para su deporte de
base. Hay que marcarse unas pautas para enseñar el deporte. Lo primero
acercar al niño a la práctica y después ya llegará el momento de producir
jugadores. Es fundamental respetar el desarrollo de los niños con
entrenadores capacitados para ello, pero estos técnicos están en los equipos
de élite.
M. Á.: No se puede culpar solo a los entrenadores. Hay una paradoja
increíble: los padres cuando llevan a un niño al colegio se preocupan por
conocer al profesor, pero luego dejan a su hijo con una persona sin saber
qué preparación tiene.
M.A.R.: Los entrenadores tienen una gran importancia y el título no vale
generalmente para mucho. Es necesaria una actualización en los conocimientos
físicos y psicológicos para que puedan entrenar correctamente.
O.C.: Las federaciones están trabajando para ello sacando una serie de
cursos de entrenadores que mejoren sus actitudes y aptitudes para con los
niños. Además, siempre que se puede se colabora con los clubes que lo
solicitan, mediante charlas o conferencias.
M.A.: Pero pocas veces sirve el formar a un entrenador que está en un
deporte base porque cuando empieza a despuntar se lo llevan a otro equipo.
J.M.N: No solo son los entrenadores lo que se van de unos equipos a otros.
Cuando un jugador despunta en un equipo se lo lleva uno de los grandes y eso
hace que los padres busquen que su hijo sea el mejor de todos para que acabe
en un equipo puntero.
M.A.: La educación de los chavales depende de los padres, los profesores,
entrenadores y árbitros son meros colaboradores en ese proceso.
J.M.R.: También los árbitros jugamos un papel importante en la educación
competitiva de los chavales. Tenemos que enseñarles a competir. No tenemos
que arbitrar.
M.A.: Los medios de comunicación tienen mucho que decir en este tema. En
muchas ocasiones con titulares de «fulanito aplasta a menganito» encienden
la competitividad. Por otro lado, en ocasiones, enfrentan sin sentido a unos
deportes con otro. Tal y como ha pasado con el Mundial de baloncesto.
O.C.: Aunque hay que reconocerles un gran papel en favor del deporte sano
con los suplementos de deporte base, en los que salen los niños retratados.
Además con lo del Mundial lo que se ha destacado ha sido la profesionalidad
y el juego en equipo de la selección.
REGLAS SOLIDARIAS
Evitar humillaciones es necesario
El adaptar los reglamentos para evitar resultados exagerados que puedan
desmotivar a los niños es algo calificado de necesario y positivo por parte
de la comunidad deportiva.
M.A.R.: Dentro de mis equipos tengo prohibido que goleen a los rivales. No
quiero tener a ningún equipo humillado. Considero necesaria la incorporación
de normas que no están impuestas en los reglamentos para, de esta manera,
buscar reglamentos equilibrados para no tener ni perdedores ni ganadores.
O.C.: Yo opino que como entrenador no se puede decir a un niño que no meta
más de siete goles porque de esa manera les estoy frustrando. El problema
principal es que las ligas están mal estructuradas y compiten equipos
profesionalizados con otros principiantes.
J.M.N: Es muy complicado contener a los chavales para que no marquen goles.
He visto a niños ganar de 5 y decir «vamos a por ellos que se tienen que
llevar los goles en un camión». Ver a los chicos en el vestuario llorar por
un mal resultado te parte el alma.
M.A.: Realmente, para controlar los marcadores no hay en todos los deportes
una reglas escritas, pero lo fundamental no es cuántos goles te metan sino
el valor psicológico que se dé a esa derrota. Si a un jugador le dices: «oye
no vayas tan fuerte, déjalos jugar» eso va a producir una actitud de
desprecio hacia el rival. Hay que buscar otras medidas alternativas.
M.A.R.: Esos medios son muy sencillos. El entrenador cuando vea que hay una
diferencia muy exagerada puede cambiar a los jugadores de posición o sacar a
los que juegan menos habitualmente.
J.M.R.: Eso de las rotaciones las hacen muy pocos equipos y cuando las hacen
no es por cuestión del entrenador sino porque alguien desde fuera se lo
ordena. Tenía que ser obligatorio que todos los niños jugaran.
O.C.: En baloncesto se obliga a jugar a todos lo niños que están inscritos
al menos dos cuartos. La participación es algo importante.
M.A.: En el deporte de base debería ser obligatorio que todos los niños
jugaran. Un niño que se levanta un sábado por la mañana, que juega en
invierno, unos padres que se preocupan...Es lo más normal. Algo ilógico es
que los padres se preocupen porque no juegue Ronaldo y no digan nada porque
no juegue el niño del equipo.
M.A.R.: Yo he visto que con las derrotas abultadas lo único que se consigue
es que los chavales acaben el partido desmotivados por culpa de su
inferioridad.
DIVISIONES DESIGUALES
Nueva organización del deporte
De nada sirve que jueguen todos los niños en un equipo si hay otros que
compiten por unos objetivos completamente diferentes. Debería existir un
deporte de ocio y otro con objetivos deportivos.
O.C.: Hasta el momento había existido la división entre federado y escolar.
Ahora todo tiene los mismos privilegios y organización. La diferencia que se
da ahora radica en los diferentes niveles deportivos, se mezclan los equipos
con objetivos y los equipos sin objetivos y eso perjudica a ambos.
M.A.: En la actualidad, hay dos tipos de clasificaciones deportivas por un
lado están los de iniciación y por otro los de alto rendimiento. El deporte
de base está unido a la formación de los adolescentes. Puede existir una
diferencia entre federado y escolar pero solo se producirá cuando haya
suficientes deportistas. Lo importante es que todos se rijan igual.
Realmente, ambos son competitivos porque al final tienen un clasificación.
J.M.N: No veo diferencias entre unas competiciones y entre otras. Quizá los
piques sean algo más fuertes cuando se juegan algo. Desde mi punto de vista
debería existir una sola categoría en la que todos compitieran contra todos
y así olvidar los objetivos.
O.C: Opino que la diferenciación debería ser entre equipos que quieren
aspirar a algo y equipos que solo quieren jugar. De esta manera, los que
quieren objetivos competirán contra equipos de su nivel y no llegarán a las
fases finales sin preparación.
M.A.: Sin duda la diferencia entre unas divisiones y otras es algo que
depende completamente de los equipos y los padres. La división por objetivos
debería realizarse a partir de criterios de edad. La realidad es que existe
un deporte escolar con fama de ocio y otro con aureola de competitivo: el
federado.El deporte tiene unos efectos positivos en el niño pero un deporte
excesivamente competitivo en el que los entrenadores, clubes o padres
busquen los resultados por encima del bienestar del niño puede provocar
desde el abandono de la práctica deportiva hasta efectos mucho mas negativos
que afectan a la salud psicológica del niño.
M.A.: El efecto de una excesiva competitividad produce estrés y ansiedad en
los chavales lo que provoca, generalmente, un abandono de la práctica
deportiva. Los efectos serían desde físicos con lesiones, por exceso, u
obesidad, por defecto, hasta problemas psicológicos que deriven en una
depresión o rechazo a los entrenadores.
M.A.R.: Hay que respetar la evolución natural de un niño en su primera etapa
de vida. Por encima de todo, está la formación y la diversión, luego ya
tendrán momentos para la competición y los resultados. Lo que hay que buscar
es que los chavales vean que el deporte es compatible con su vida social,
con los estudios y evitar el chantaje que muchos padres hacen a sus hijos
con el deporte.
M.A.: Es algo extraño que un niño con 14 o 15 años se agobie por el deporte.
Pero, en ocasiones, los entrenadores y equipos están pidiendo a los
jugadores que abandonen muchas de las cosas que les gustan. Les pides que
renuncien a cosas. Si no se hace atractivo un deporte, la gente lo deja. El
que un chaval aprenda que tiene que sacar buenas notas, ir a entrenar y
estar con los amigos sin renunciar a nada es la clave.
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