"Pesaba 130 kilos y bajé a 96, con placer"
LAVANGUARDIA, Barcelona
PERE TAPIAS
"Pesaba 130 kilos y bajé a 96, con placer"
Comunicador y 'Bon vivant'
VÍCTOR-M. AMELA - 26/01/2007
PLACERES
Nació Joan Collell Xirau, pero en 1969 la discográfica le dijo que con ese nombrecito no iba a vender ni un disco. Y adoptó el de un hermano de su abuela materna: Pere Tapias. A los de la discográfica les encantó y así se ha quedado. Es un hombre que disfruta de los placeres pequeños. Al que le gusta la gente y que gusta a la gente. Es por eso Defensor del Ciudadano en Vilanova desde hace cinco años: "Dedico tiempo a escuchar las quejas de la gente contra la Administración", a mediar. "Aprendo mucho de la gente y de sus problemas", me asegura, y se ajusta la gorra armoricana. Comparte con la gente ´Tapias variadas´, programa que cumple 10 años en Catalunya Ràdio, y para la gente publica ahora ´El plaer d´aprimar-se´ (Columna), un recetario de su gusto a favor del placer y de la salud.
Tengo 60 años. Nací en Vilanova i la Geltrú, y allí vivo, en la playa de Ribes Roges. Me licencié en Derecho, fui cantante, y soy gastrónomo, comunicador y ejerzo como Defensor de la Ciutadania de Vilanova. Vivo en pareja. Tengo una hija, Adela (30). ¿Política? Comprensión y tolerancia. ¿Dios? Ni sé si existe ni afirmaré que no existe
Ya no canta?
- No. Pero entre febrero y marzo publicaré Àlbum de terrissa, que reunirá todas mis canciones desde 1969.
- "En moto chupu-pa-pa-pa...": la canción de la moto es la más famosa, ¿no?
- Sí. Conocí a una colla que estaban todo el día hablando de motos, y me inspiraron esa historia de un tío enamorado de su moto.
- Sus canciones eran costumbristas, divertidas...
- Eran pequeñas crónicas satíricas, pitarrescas,con sus gotas de ternura. Desde niño quise contar historias: como yo era hijo único, me las contaba a mí mismo... Escuchaba mucha radio y jugaba a ser un locutor.
- Y hoy está haciendo radio...
- De niño empuñaba una escoba a modo de micrófono y le contaba historias a la pared. Un amigo me enseñó a tocar acordes con una guitarra: descubrí que si convertía mis historias en canciones ¡pasaban mejor!
- ¿Sus padres estaban de acuerdo?
- Lo que a ellos les importaba es que acabase la carrera de Derecho. En aquella época imperaban los valores del esfuerzo, de la disciplina, de la formación, del trabajo.
- ¿Y hoy no?
- Hoy los jóvenes confían más en la suerte que en su esfuerzo, más en las influencias y las estratagemas que en el trabajo.
- ¿Acabó usted su carrera de Derecho?
- Sí. Y ejercí un par de años.
- ¿Con éxito?
- Recuerdo que visité a un cliente en la cárcel y le pedí dinero adelantado para las gestiones de su caso. No tenía, y el preso de al lado, que estaba allí por robar jamones, me dijo: "Todo lo que necesite éste se lo pagaré yo". Total, nunca cobré de ninguno de los dos.
- Y se dedicó a la música.
- Eso fue porque me gustaba. Me presenté ante el tribunal de los Setze Jutjes el mismo día que Lluís Llach: a él le aprobaron, a mí me suspendieron.
- ¿Por qué?
- Canté algo muy triste sobre la soledad. Me preguntaron si tenía algo más animado y les canté La tia Maria,que se canta muy rápido: me aconsejaron que ése era mi camino.
- La Trinca usaba, como usted, el humor. ¿En qué se diferenciaban usted y ellos?
- Yo era más afrancesado. Ellos, más holandeses, centroeuropeos, cerveceros. Con ellos y con otros compartí la que ha sido la sensación más agradable de toda mi vida.
- ¿Cuál?
- Los festivales de Canet. ¿Sabe lo que es subirse a un escenario con una guitarrota, cantar tres canciones y ver a 60.000 personas pidiendo "otra, otra"...? ¡Ah, qué euforia!
- ¿Y a qué se dedica ahora?
- Hago radio, escribo libros de gastronomía... ¡y doy pregones de fiestas!, que si la Festa de la Sobrassada, la Festa de l´Ou, la Festa de l´Arròs, la Festa del Conill...
- De fiesta en fiesta, ¡no se quejará!
- Me llaman para que invite a la gente a la fiesta con un texto, con rimas... ¡Me gusta!
- Pero a la vez publica ahora un libro para adelgazar: ¡no me cuadra!
- Sí, porque se puede adelgazar comiendo placenteramente. Hoy hay muchos modos de dar chispa a platos de verduras, que a mí me encantan. Publico un recetario que yo mismo seguí durante un año y medio: ¡pesaba 130 kilos y así bajé hasta 96 kilos!
- ¿Y con placer, dice?
- Yo me guío en todo por Horacio y Montaigne, mis pensadores de cabecera: el primero explora el placer de vivir; el segundo, el autoanálisis reflexivo. O sea, que procuro comer de modo sano sin renunciar al placer.
- ¿Me cuenta algún truco?
- Para que la verdura esté rica, cuézala bien, al dente: poca agua y, cuando hierva, eche la verdura. Poco rato. Sáquela y sumérjala en agua gélida. ¡Así quedará hervida pero tersa, crujiente y con todo el color!
- ¿Cómo le aporta esa chispa que me decía?
- Soy devoto de las vinagretas, de salsas vegetales, especias... Anote esta vinagreta: ocho filetes de anchoa triturados en un decilitro de aceite de oliva virgen extra, con el zumo de medio limón...
- Aquí ha acertado conmigo.
- Con esta vinagreta aliñe una ensalada a base de champiñones y alcachofas moradas, cortados a láminas... ¡Un buen primer plato!
- ¿Y de segundo?
- Corte cebollino, zanahoria y cebolla tierna en bastoncitos finos, métalos dentro de un verat sin espinas, con un poco de pimienta. Cuézalo al vapor quince minutos. Y sírvalo junto a una vinagreta hecha con aceite, vinagre de sidra y pimienta de Cayena.
- ¿Podría usted vivir sin aceite y vinagre?
- ¡No! La luz fabulosa de nuestro país parece reflejada en una lámina de aceite de oliva... Si tengo que jurar por lo más sagrado, ¡lo haré ante una vinajera de aceite de oliva!
- Comida y paisaje, hermanados.
- Lo están en mi experiencia. Recuerdo de niño un jardín, en casa, con un ciruelo y un limonero: a su sombra, en verano, nos sentábamos con vecinos a charlar y a comer fruta, mientras se oían pájaros y el rumor de una fuente. Ya dijo Nietzsche: "Todo pensamiento deriva de la odisea del sujeto".
- De sus vivencias, pues.
- Sí: el filósofo, para serlo, tiene que vivir. Vivir incluye comer. Según se come, se piensa. Además de escuchar, observar, pasear... Y vivir así exige tiempo, ¡tomarse tiempo!
- ¿Usted se lo toma?
- Sí. Para escuchar a mis convecinos, pasear por mi playa al atardecer... Flaubert expresó muy bien esta serena filosofía: "Una habitación confortable, los libros que me gustan... y todo el tiempo por delante".
PERE TAPIAS
"Pesaba 130 kilos y bajé a 96, con placer"
Comunicador y 'Bon vivant'
VÍCTOR-M. AMELA - 26/01/2007
PLACERES
Nació Joan Collell Xirau, pero en 1969 la discográfica le dijo que con ese nombrecito no iba a vender ni un disco. Y adoptó el de un hermano de su abuela materna: Pere Tapias. A los de la discográfica les encantó y así se ha quedado. Es un hombre que disfruta de los placeres pequeños. Al que le gusta la gente y que gusta a la gente. Es por eso Defensor del Ciudadano en Vilanova desde hace cinco años: "Dedico tiempo a escuchar las quejas de la gente contra la Administración", a mediar. "Aprendo mucho de la gente y de sus problemas", me asegura, y se ajusta la gorra armoricana. Comparte con la gente ´Tapias variadas´, programa que cumple 10 años en Catalunya Ràdio, y para la gente publica ahora ´El plaer d´aprimar-se´ (Columna), un recetario de su gusto a favor del placer y de la salud.
Tengo 60 años. Nací en Vilanova i la Geltrú, y allí vivo, en la playa de Ribes Roges. Me licencié en Derecho, fui cantante, y soy gastrónomo, comunicador y ejerzo como Defensor de la Ciutadania de Vilanova. Vivo en pareja. Tengo una hija, Adela (30). ¿Política? Comprensión y tolerancia. ¿Dios? Ni sé si existe ni afirmaré que no existe
Ya no canta?
- No. Pero entre febrero y marzo publicaré Àlbum de terrissa, que reunirá todas mis canciones desde 1969.
- "En moto chupu-pa-pa-pa...": la canción de la moto es la más famosa, ¿no?
- Sí. Conocí a una colla que estaban todo el día hablando de motos, y me inspiraron esa historia de un tío enamorado de su moto.
- Sus canciones eran costumbristas, divertidas...
- Eran pequeñas crónicas satíricas, pitarrescas,con sus gotas de ternura. Desde niño quise contar historias: como yo era hijo único, me las contaba a mí mismo... Escuchaba mucha radio y jugaba a ser un locutor.
- Y hoy está haciendo radio...
- De niño empuñaba una escoba a modo de micrófono y le contaba historias a la pared. Un amigo me enseñó a tocar acordes con una guitarra: descubrí que si convertía mis historias en canciones ¡pasaban mejor!
- ¿Sus padres estaban de acuerdo?
- Lo que a ellos les importaba es que acabase la carrera de Derecho. En aquella época imperaban los valores del esfuerzo, de la disciplina, de la formación, del trabajo.
- ¿Y hoy no?
- Hoy los jóvenes confían más en la suerte que en su esfuerzo, más en las influencias y las estratagemas que en el trabajo.
- ¿Acabó usted su carrera de Derecho?
- Sí. Y ejercí un par de años.
- ¿Con éxito?
- Recuerdo que visité a un cliente en la cárcel y le pedí dinero adelantado para las gestiones de su caso. No tenía, y el preso de al lado, que estaba allí por robar jamones, me dijo: "Todo lo que necesite éste se lo pagaré yo". Total, nunca cobré de ninguno de los dos.
- Y se dedicó a la música.
- Eso fue porque me gustaba. Me presenté ante el tribunal de los Setze Jutjes el mismo día que Lluís Llach: a él le aprobaron, a mí me suspendieron.
- ¿Por qué?
- Canté algo muy triste sobre la soledad. Me preguntaron si tenía algo más animado y les canté La tia Maria,que se canta muy rápido: me aconsejaron que ése era mi camino.
- La Trinca usaba, como usted, el humor. ¿En qué se diferenciaban usted y ellos?
- Yo era más afrancesado. Ellos, más holandeses, centroeuropeos, cerveceros. Con ellos y con otros compartí la que ha sido la sensación más agradable de toda mi vida.
- ¿Cuál?
- Los festivales de Canet. ¿Sabe lo que es subirse a un escenario con una guitarrota, cantar tres canciones y ver a 60.000 personas pidiendo "otra, otra"...? ¡Ah, qué euforia!
- ¿Y a qué se dedica ahora?
- Hago radio, escribo libros de gastronomía... ¡y doy pregones de fiestas!, que si la Festa de la Sobrassada, la Festa de l´Ou, la Festa de l´Arròs, la Festa del Conill...
- De fiesta en fiesta, ¡no se quejará!
- Me llaman para que invite a la gente a la fiesta con un texto, con rimas... ¡Me gusta!
- Pero a la vez publica ahora un libro para adelgazar: ¡no me cuadra!
- Sí, porque se puede adelgazar comiendo placenteramente. Hoy hay muchos modos de dar chispa a platos de verduras, que a mí me encantan. Publico un recetario que yo mismo seguí durante un año y medio: ¡pesaba 130 kilos y así bajé hasta 96 kilos!
- ¿Y con placer, dice?
- Yo me guío en todo por Horacio y Montaigne, mis pensadores de cabecera: el primero explora el placer de vivir; el segundo, el autoanálisis reflexivo. O sea, que procuro comer de modo sano sin renunciar al placer.
- ¿Me cuenta algún truco?
- Para que la verdura esté rica, cuézala bien, al dente: poca agua y, cuando hierva, eche la verdura. Poco rato. Sáquela y sumérjala en agua gélida. ¡Así quedará hervida pero tersa, crujiente y con todo el color!
- ¿Cómo le aporta esa chispa que me decía?
- Soy devoto de las vinagretas, de salsas vegetales, especias... Anote esta vinagreta: ocho filetes de anchoa triturados en un decilitro de aceite de oliva virgen extra, con el zumo de medio limón...
- Aquí ha acertado conmigo.
- Con esta vinagreta aliñe una ensalada a base de champiñones y alcachofas moradas, cortados a láminas... ¡Un buen primer plato!
- ¿Y de segundo?
- Corte cebollino, zanahoria y cebolla tierna en bastoncitos finos, métalos dentro de un verat sin espinas, con un poco de pimienta. Cuézalo al vapor quince minutos. Y sírvalo junto a una vinagreta hecha con aceite, vinagre de sidra y pimienta de Cayena.
- ¿Podría usted vivir sin aceite y vinagre?
- ¡No! La luz fabulosa de nuestro país parece reflejada en una lámina de aceite de oliva... Si tengo que jurar por lo más sagrado, ¡lo haré ante una vinajera de aceite de oliva!
- Comida y paisaje, hermanados.
- Lo están en mi experiencia. Recuerdo de niño un jardín, en casa, con un ciruelo y un limonero: a su sombra, en verano, nos sentábamos con vecinos a charlar y a comer fruta, mientras se oían pájaros y el rumor de una fuente. Ya dijo Nietzsche: "Todo pensamiento deriva de la odisea del sujeto".
- De sus vivencias, pues.
- Sí: el filósofo, para serlo, tiene que vivir. Vivir incluye comer. Según se come, se piensa. Además de escuchar, observar, pasear... Y vivir así exige tiempo, ¡tomarse tiempo!
- ¿Usted se lo toma?
- Sí. Para escuchar a mis convecinos, pasear por mi playa al atardecer... Flaubert expresó muy bien esta serena filosofía: "Una habitación confortable, los libros que me gustan... y todo el tiempo por delante".
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