EDUCAR EN VALORES
EDUCAR EN VALORESEl ambiente y el entorno en que vivimos HOY es diferente al ambiente en el que fuimos educados en nuestra infancia, al que vivieron nuestros padres o al que recogen en un documental de televisión.
Nuestros padres, y los padres de nuestros padres vivieron una sociedad en la cual las formas externas se cuidaban bastante. La gente recibía una educación más o menos similar, y tenía comportamientos bastantes parecidos.
La sociedad de ahora se ha especializado en presentarnos TODO, desde la mañana a la noche, como un menú de televisión en donde basta cambiar de canal para descubrir algo nuevo. Y este cambio tan profundo de nuestra sociedad lleva a que nuestros hijos, tengan que tomar, desde muy pequeños, una posición en la vida y un criterio propio.
Nuestros padres maduraron poco a poco, rodeados de un entorno profundamente proteccionista en sus formas, que hacía que la vida de todos pareciera similar. A los jóvenes de hoy, les toca decidir desde muy temprano. Tienen que decidir si ven
eso o no lo ven. Antes, no existía simplemente, y por lo tanto no había la posibilidad de escoger. Nuestros hijos, apoyaran una idea u otra, tomaran partido en esta causa o en aquella otra tan distinta, saldrán con una gente o con otra Lo que a Uds., padres les toca hacer irremediablemente y pronto, es:
ENSEÑARLES A TOMAR UNA POSICIÓN Y UN CRITERIO PROPIO EN LA VIDA
Según David Isaacs, la inteligencia del hombre le permite descubrir lo que es bueno y, usando su voluntad, actuar congruentemente con lo que ha visto como bueno para llegar, en un estadio superior y más maduro a un reconocimiento, aprecio y disfrute sereno de la vida. Convendría distinguir qué cosas o placeres pueden constituir una felicidad cada vez más estable porque sólo a eso se puede llamar felicidad: a lo que colma y a lo que dura más.
Todo esto significa que para que los hijos sean felices tendrán que tener contacto con lo que es bueno, llegar a ser conscientes de que efectivamente hay cosas buenas y malas, y luego habrá que educarle para que sean capaces de seguir descubriendo lo que es bueno y distinguirlo de lo que no lo es. Y también habrá que capacitarles para que sepan actuar congruentemente con lo que hayan descubierto.
HACER EL BIEN DA FELICIDAD
Y, para eso, hace falta mucha valentía en los padres, porque va a representar un esfuerzo continuo para profundizar en lo que es bueno para ellos mismos, para no contentarse con poco, y para actuar congruentemente con lo que ya saben es bueno para sus hijos. Y, por tanto, exigirles para que sigan el mismo proceso.
EDUCAR BIEN REQUIERE:
PADRES VALIENTES,
PADRES EXIGENTES,
SABER LO QUE ES BUENO,
PERO SOBRE TODO
REQUIERE SACRIFICIO.
Educar es acompañar a conocer la realidad. Ésta, ni se puede imponer ni se puede dejar al arbitrio de la suerte porque en uno y otro caso, nuestros hijos sacaran una visión deformada. Cada hijo necesita ser preparado con ayudas educativas para una vida honesta en los diferentes ámbitos de la existencia, de forma que ésta sea feliz.
No se trata de información, sino de formación. Información tendremos, quizá más que nunca. Pero la formación para ser mejores padres, hay que buscarla, tener el deseo de saber de verdad qué es aquello que más nos conviene y qué resulta adecuado en cada momento del desarrollo de cada uno de los hijos.
En nuestros tiempos, los títulos universitarios y las experiencias laborales son compartidas por cantidades de personas, todas académicamente bien preparadas...
¿Cómo entonces podemos ayudarlos a diferenciarse para competir por buenas posiciones laborales cuando llegue su momento?
¿En que se basaran los empresarios para escoger a sus candidatos para las vacantes?
¿Quienes serán los líderes de la sociedad justa y próspera?
¿Quiénes fundaran familias estables, hogares luminosos y alegres?
Las personas que vivan los valores que faciliten la convivencia en su sociedad; que ejerzan las virtudes como propias y luchen por hacerlos vida en el día a día.
Esto sólo se consigue:
Si una familia da ejemplo y exige a sus hijos: orden en las cosas, obediencia, ayuda en la casa, responsabilidad en los encargos, horarios de estudio. Si no suelen gritar, ni pegar. Reconocen los esfuerzos por ser mejores y hay alegría en la familia.
Si esto lo hacen normalmente como una costumbre, cuando llega el período sensitivo, el hijo recibe los mismos estímulos de siempre pero los aprovecha mejor, y adquiere el hábito que luego en un ambiente de cariño y amor él mismo convierte en virtud. La familia vive en un clima propicio para el desarrollo de valores(1).
En el siglo XX lo principal han sido los conocimientos, las carreras y los títulos. En el siglo XXI se apreciará más lo que una persona es, sus valores como persona. De ahí, la importancia de educar la voluntad ya que la persona quiere por medio de la voluntad. Los padres aspiramos a que nuestros hijos quieran estudiar; quieran ser constantes; quieran ser ordenados; quieran ser obedientes; quieran ser responsables.
EDUCAR LA VOLUNTAD ES
EDUCAR LA LIBERTAD,
ES ENSEÑAR A ELEGIR EL BIEN
Si esto se consigue, no habrá problema con el saber. Si quieren estudiar y tienen hábitos de orden, constancia y responsabilidad, las buenas notas serán una consecuencia y los títulos académicos otra(2).
LA PERSONA QUIERE POR MEDIO DE LA VOLUNTAD
Voluntad no es simplemente querer, o poder hacer... es querer hacer el bien, que es lo que enriquece a la persona.
(1) Fernando Corominas, La educación de la voluntad, p.28. Hacer Familia..
(2) Ibid. p.15
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